ALICANTE: ISLA DE TABARCA, LA JOYA SECRETA

 ESCAPADA MAYO 2026

La Isla de Tabarca, https://laisladetabarca.com/, situada frente a la costa de Alicante, es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y un pequeño tesoro mediterráneo donde el tiempo parece ir más despacio. Sus aguas cristalinas, su historia de piratas y corsarios, y su ambiente marinero la convierten en una escapada perfecta para quienes buscan naturaleza, tranquilidad y encanto auténtico. A pesar de su tamaño reducido, Tabarca sorprende con murallas, calas escondidas, gastronomía local y un entorno marino protegido que invita a desconectar y disfrutar.


Para llegar a la isla fuimos hasta el puerto de Santa Pola, y allí cogimos un barco. Hay varias empresas que ofrecen este servicio y suelen competir entre ellas, así que te van proponiendo ofertas hasta que encuentras el precio más barato. El trayecto dura aproximadamente 20–25 minutos.


Antes de atracar en la isla, el barco, que tenía visión submarina, hizo una pequeña parada para que pudiéramos ver el fondo marino. Desde allí también pudimos admirar la isla desde el mar, una perspectiva preciosa antes de llegar.

Una vez que llegamos a la isla, recorrimos sus senderos, que nos llevaron hasta el faro, el cementerio y varias de sus playas increíbles, de aguas transparentes y muy tranquilas. También pasamos por la zona del fuerte, uno de los puntos más emblemáticos de Tabarca, donde se aprecia muy bien la mezcla de naturaleza e historia que caracteriza a la isla. Aun así, conviene recordar que en verano la isla suele estar muy masificada, por lo que es mejor visitarla a primera hora o fuera de temporada para disfrutarla con más calma y apreciar todo su encanto.



      


Comimos en Casa Gloria, donde pudimos disfrutar del plato más típico de la isla: el caldero tabarquino. Lo preparan de manera tradicional, con pescado fresco, un caldo muy sabroso y arroz servido aparte. Es un plato contundente y lleno de sabor, perfecto para probar la gastronomía auténtica de Tabarca.


                              

Y después de comer dimos un paseo por las calles de Tabarca, disfrutando de su ambiente tranquilo y de sus casitas blancas con detalles de colores. También nos acercamos a la iglesia, que aunque solo pudimos ver por fuera, destaca por su sencillez y su historia. Continuamos bordeando la muralla, desde donde se aprecian unas vistas preciosas del mar y del pequeño casco antiguo de la isla.




 

         

Cuando regresamos al puerto de Santa Pola, aprovechamos para visitar su castillo‑fortaleza, una construcción histórica que en su día protegía la costa de los ataques piratas. El recinto es pequeño pero muy interesante, y permite recorrer sus patios y estancias restauradas mientras descubres parte de la historia de la ciudad. La entrada es gratuita y es petfriendly, las mascotas pueden entrar a su interior sin ningún tipo de problema.

        

Y de camino a casa, antes de abandonar Santa Pola, nos acercamos hasta el Faro y su mirador. Es una parada rápida pero muy recomendable: desde allí se disfruta de una panorámica espectacular de los acantilados y del Mediterráneo, con ese azul intenso tan característico de la zona. Fue el broche perfecto para despedir Santa Pola antes de emprender el regreso.



   

Una experiencia que resume muy bien el encanto de Tabarca, una isla que siempre ofrece algo especial a quien la visita.





















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